Nombrar es iniciar un diálogo contigo.
Este primer cuaderno te invita a detenerte y observar con respeto todo aquello que, aun sin nombre claro, sigue influyendo en ti.
A veces no hay recuerdos nítidos ni certezas, solo sensaciones o fragmentos que no encajan del todo.
Nombrar comienza por identificar esas señales, por admitir que existen y que dicen algo de ti.
Este cuaderno te guía a escuchar lo que hoy se manifiesta: gestos, pensamientos o emociones que piden ser atendidos.
Nombrar, en este sentido, es reconocer ante ti mismo lo que ha formado parte de tu historia, aunque nadie más lo sepa.
Es un acto íntimo de autonomía, una forma de recuperar la autoridad sobre tu propio relato interior.
Las lecturas de este cuaderno te acompañan a mirar sin forzar e identificar sin juzgar.
Al hacerlo, comienzas a notar vínculos entre lo que sientes y lo que has vivido, incluso cuando no todo está definido.
Cada pequeño reconocimiento interior reordena tu propio mapa: lo disperso empieza a tener forma y lo confuso encuentra espacio.
Nombrar es darte permiso para empezar a escucharte, atenderte y comprender lo que tu historia ha dejado en ti.
No para resolverlo todo, sino para empezar a mirarlo con respeto.